BIOGRAFIA

 

Fernando Santos Saiz Vaamonde

León   14 Junio 1950

Capitán de la Marina Mercante. Promoción 1977, con mando desde 1985 a 1995 en buques quimiqueros, producteros y asfalteros. Experiencia de veintitrés años de mar (1972 a 1995), en buques de carga general, portacontenedores, buques gaseros, cruderos, quimiqueros, producteros y asfalteros. Experiencia en la construcción de dos buques quimiqueros. Vetting Surveyor desde 1995 hasta 2008. Miembro del Claustro de Profesores del IME, Instituto Marítimo Español. Promoción 23/24 y 24/25 en el Máster de Negocio y Derecho Marítimo. Profesor en el programa del Plan Perseo de la Unión Europea sobre Seguridad Marítima en el Centro de Seguridad Integral Jovellanos de 2004 a 2007. Jubilado en 2008.

                         

A bordo

Autor de  :         Pañuelo Blanco – Un viaje triangular 2018

                              Piloto de mar. 2019

                              Camino Real . 2020 

Autor de www.magruesa.es, un blog de opinión dedicado exclusivamente a los diferentes aspectos y circunstancias que se dan en la mar y su entorno, analizadas desde el punto de vista de un marino mercante.

CAMINO REAL

 

 

 

El joven Jacobo, se ve envuelto en una contienda totalmente inesperada, para el y para los tripulantes del Melpómene, el bergantín-goleta de las velas negras. El nacimiento de una nueva nación tan lejana de su mundo, le atrapa, haciéndole testigo de hechos que le marcarán durante su vida de marino, hechos que nunca le hubieran sucedido, si un día no hubiera dejado el abrigo de las murallas de la Pescadería de su ciudad de La Coruña.

CAMINO REAL – EL ACUARELISTA DE LA TRILOGIA

Miguel Angel Camarero               A  Miguel Ángel Camarero Suanzes

 

 

Estas primeras letras quiero dedicarlas a mi amigo Miguel Ángel, que poco antes de acabar esta trilogía, nos dejó, quedando vacío su lugar en las vidas de los que lo hemos conocido y disfrutado de la calidad humana de una persona inigualable.

Ha tenido la amabilidad en sus insospechados últimos días de ilustrar estos libros que conforman la trilogía de una narración propia de marinos, un viaje que pudo haber sido el suyo y que inesperadamente se vio interrumpido por unas circunstancias que me cuesta mucho aceptar.

Nuestro viaje de amistad comenzó cuando solo éramos unos adolescentes, nuestras querencias por la mar nos llevaron a hacernos marinos en la EON de La Coruña, después de compartir las mismas prácticas de mar en la M/N Joaquín Ponte Naya, cruzando el Atlántico en repetidas ocasiones, nuestros destinos se fueron alejando, pero siempre la sisga de la amistad nos mantuvo cercanos, que ahora con la jubilación habíamos retomado y que disfrutábamos con la tranquilidad que da la edad, apreciando la calidad de nuestras charlas, en que él era un hábil y ameno conversador, almacenaba además de experiencia, la calma de una conversación pausada y culta.

Los que lo hemos conocido y disfrutado de su amistad, sabemos de su calidad humana, que nos hace presumir de haber sido considerados sus amigos.

Lo adornaba la virtud de ser un buen pintor y acuarelista, entre otras virtudes, dejando en innumerables exposiciones la muestra de su maestría, especialmente en las marinas y motivos náuticos que tanto practicaba, y que podemos observar en algunos de los edificios más notables de la ciudad de La Coruña y en algunos más por el mundo adelante, además de en algún importante Museo Naval.

A mí me dejó, además de algunas de sus acuarelas, muchos recuerdos de juventud y en nuestros momentos de ocio, conversaciones y confidencias impregnadas de su calidad humana con la cercanía que me hizo sentir su amistad durante unos cincuenta y tantos años de nuestras vidas.

 

PAÑUELO BLANCO – UN VIAJE TRIANGULAR – CRITICAS

NAVEGAR CON CRONOMETRO Y  SEXTANTE

Breve crónica de una lectura. PAÑUELO BLANCO.

Por Imeldo Barbuzano  Capitán de la Marina Mercante

Navegar entre páginas.

Quiero agradecer a mi mentor y amigo, el Capitán Fernando Saiz, la amabilidad de hacer llegar a mis manos su primer libro regalándome una entrañable dedicatoria.

Ya no pensaba volver hacerme a la mar, desde mi retiro, después de tanto tiempo, pero debo reconocer que desde el comienzo de la lectura decidí embarcar en el “Melpómene” junto con el mozalbete Jacobo y navegar entre las páginas de esta aventura marítima.

Al igual que al joven protagonista enseguida caí en la cuenta de que a pesar de mi ventaja de haber sido un marino profesional del siglo XX, desconocía casi por completo las artes de la navegación a vela, la arquitectura naval y la vida a bordo de aquellos veleros de madera del siglo XVIII, que tenían su propia alma. Así que tuve que recalar en multitud de ocasiones a mi Enciclopedia del Mar, que un buen día, teniendo yo 15 o 16 años, me regaló mi padre sabedor de mi temprana vocación por la mar y que a la postre sería mi profesión. Picado en mi amor propio por mi supina ignorancia, invertí horas en querer saber y entender los pormenores de la navegación, nomenclatura naval y datos históricos que se relatan en el libro. Ello no fue una tarea fácil ni ligera pero colmaba mi curiosidad y me servía de evasión y entretenimiento, a la vez que me daba cuenta de la ingente labor de investigación y pormenorizado lenguaje técnico-marítimo que, a buen seguro, algún lector le habrá abrumado. Pero reprocharle al autor este exceso me lleva al tema que trataba el gran Joseph Conrad, en su admirable “El espejo del mar” sobre la acostumbrada degradación del lenguaje marino en los medios de comunicación, tomándose unas libertades sobre términos técnico-marítimos, cual crimen contra la claridad, precisión y belleza del habla marítima.

El libro contiene pasajes redondos de un gran realismo. Las tormentas, las calmas, las rutinas de la vida abordo. Otros de gran crudeza como la ignominia de la trata y transporte de esclavos. Hombres, mujeres y niños degradados a condiciones de ganado. Contrasta con relatos desenfadados probablemente sacados de vivencias del escritor como los métodos de desinsectación y desratización, del todo ecológicos y biodegradable, con el pato “dos penique” y un gato orondo.

No disimula el autor su cariño, casi ternura familiar, por el jovenzuelo protagonista. El último de los últimos de abordo, al que correspondía los trabajos más humillantes que asume con humildad pero manteniendo siempre un aire de dignidad. Noble, siempre ávido de conocimientos, aprende rápido, listo como el hambre y sin embargo lejos de convertirse en un pícaro, se va haciendo un hombrecito recto que hace honor a su palabra. Lo cual no pasa desapercibido para el Capitán de la Nave.

No olvida su hogar, su familia, su nostalgia atada a un pañuelo blanco.

El mejor elogio que puedo dedicarle al “escribidor”es los buenos ratos pasados durante las singladuras, lo aprendido y lo disfrutado durante las travesías.

Enhorabuena Fernando, espero impaciente una segunda entrega.

 

 

UNA ORIENTACIÓN

El viaje es la metáfora de una vivencia que transcurre en una época de rápidos y continuos cambios. Estamos dejando atrás el oscurantismo de lo desconocido, para dar paso en estos tiempos modernos, a una nueva perspectiva vital, que con el desarrollo científico y de ideas liberales, se amplían las oportunidades que da el conocimiento de los nuevos pensamientos, precursores  y germen de una anunciada Revolución Francesa, la que inspirará e instaurará los ideales de unos nuevos planteamientos políticos, cambiando o alterando una forma de vida, exportable a otras tierras y países en nueva formación, que el protagonista vive en su inconsciencia.

PILOTO DE MAR

PILOTO DE MAR

 

Esta nueva novela-relato no es más que la continuación de Pañuelo blanco – Un viaje triangular, en donde el protagonista, el joven Jacobo, con su recién adquirida Patente de Piloto de Mar, se hace de nuevo a la mar, en esos tiempos de profundos cambios del Siglo de las Luces y del Absolutismo, mediado el siglo XVIII, embarcando en el bergantín-goleta Melpómene, el viejo velero de las velas negras, desde donde nos va relatando sus vivencias.

 

 

 

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LA CRITICA

Por el Capitán de la M.M. D.Imeldo Barbuzano

 

            PILOTO DE MAR:

 

Una navegación entre tormentas marítimas y éticas

Sin duda ha tenido que ser la musa Melpómene la que ha inspirado al escritor en su segunda entrega de una nueva aventura marítima.

Comienza el autor situándonos a Jacobo el joven protagonista y alevín de Marino absorto en sus labores de formación náutica en la prestigiosa Escuela de Mareantes de La Coruña, estudios auspiciados por Downfelt, el recto y severo Capitán que vio en este muchacho gallego, virtudes de inteligencia natural, capacidad de juicio, honradez y el carácter que lo hacían merecedor de pasar de ser “el último de los últimos de abordo”, a tener la oportunidad de dar dignidad y sentido a su vida como Marino.

La lectura comienza sosegada, y yo me recreaba en los paseos por los lugares de la ciudad de La Coruña, tan querida para mí, no solo por los lazos familiares que me unen a ella, sino porque allí obtuve mi título de Capitán en su Escuela Superior de Náutica, heredera, de ésta en la que Jacobo sale ya como “Piloto de Mar”. Toman sentido, para mí, nombres y pasajes de la ciudad. La Pescadería, Ciudad Alta, Los Cantones, que en mi ignorancia creía que, estos últimos, se trataban de divisiones administrativas cuando la propia raíz de la palabra lo dice, del cantil, de su ribera portuaria. Hoy lugar de encuentro de los coruñeses en torno a sus preciosos jardines.

Embarca Jacobo como tercer Piloto, con cierto desgarro por la separación familiar, cosa que nos ocurre a todos los marinos, a bregar con sus responsabilidades del Palo de Mesana y duras guardias de mar.

A partir de aquí se acaba la tranquilidad, para Jacobo, para el buque, su Capitán y las almas que conviven a bordo y ciertamente también para el lector.

El Bergantín-goleta, se adentra en mares tormentosos, con una narración, llena de realismo, que nos aproxima con toda crudeza al capear a vida o muerte lo que hoy llamaríamos una Tormenta Tropical, con toda la violencia de la naturaleza desatada sobre un cascarón de madera del Siglo XVII, que amenaza con desarbolarlo y quebrar sus mástiles hasta hundirlo en el océano. Afortunadamente su Capitán es un Marino avezado, un navegante extraordinario y de una rectitud probada. Sin embargo, arrastra la amargura, su mal carácter lo delata, de saberse Capitán de un buque negrero. Un tráfico ignominioso que atormenta su alma.

Los fragmentos narrativos que se desarrollan en el barco son de una gran crudeza, sombríos. El trato inhumano al que son sometidos estos seres despojados de una mínima condición de dignidad es descrito para provocar la misma angustia psicológica al lector. Cuando al Capitán se le presenta un atroz dilema moral sobre tener que decidir la “echazón” por la borda de mercancía humana averiada, tiene que refugiarse retorciendo o interpretando pasajes bíblicos, como el que se ahoga en alcohol para olvidar su miseria.

Voltaire dijo: «La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona».

Es curioso la ambigüedad calculada del autor, como queriendo no juzgar tales horrores del ayer con los ojos de hoy. Podría resultar superficial considerando la complejidad de los temas que aborda en sus páginas. Si bien está justificado en la brevedad del propio libro.

Es sorprendente como el escritor puede sumergir al lector en un entorno extremadamente agobiante solamente con el uso de la palabra. Es capaz de concebir a través de la descripción la calma y el peligro, la acción y la quietud, el frío y el calor.

Hace sentir al lector lo mismo que su personaje, y eso no todos los autores lo consiguen.

En un giro final inesperado, la historia cobra en intriga y suspense, sobre el devenir de esas almas marineras que nos emboca a una nueva entrega.

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  • FERIA DE LIBRO MURCIA 04.10.2019

                  

    Una experiencia nueva.  Son ocasiones que no se pueden perder, siempre enriquecedoras, con las sorpresas que te proporcionan las nuevas amistades, que en definitiva son las que te ayudan a crecer, o al menos intentarlo.

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    PAÑUELO BLANCO – UN VIAJE TRIANGULAR por: Fernando Santos Saiz Vaamonde Es un relato novelado de un bergantín-goleta de tres palos, dedicado al tráfico de mercancías y esclavos, como eran los viajes habituales de los veleros mercantes entre los siglos XVII y XVIII, que tenían su origen en los puertos más activos de Europa situados en la zona del Mar del Norte, en donde cargaban lo que hoy llamamos “Carga General” con destino a los puertos de la cuenca occidental de África y países del Golfo de Guinea, en donde estas mercaderías eran sumamente apreciadas, en las que tenían especial importancia las armas, esas armas que en Europa habían sido desechadas como chatarra después de haber sido rescatadas de los campos de batalla de las distintas contiendas que, en los siglos XVII y XVIII, eran de lo más comunes en una Europa en formación. 12.95 € - COMPRAR LIBRO
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