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    Juan Ricart Gómez

ISBN: 978-84-17499-04-4
Categoría:

Devastación

por: Juan Ricart Gómez

—Fuera —les dijo casi en voz baja la chiquilla, señalando con su dedito hacia la luz del exterior—, por ahí, donde está mi mamá, hay monstruos… —Parándose como si quisiese comprobar el efecto que hacía en los dos niños la confesión o simplemente sintiese vergüenza de contárselo—. Es verdad, son muy malos… y se comen las personas.

20.80

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¿Dónde quedaron las esperanzas, los diarios, los sueños, las lágrimas vertidas para nada?

¿Dónde palpitan las presencias infantiles, los amigos muertos o los poemas que nadie escucha?

Treinta millones de veces latió tu corazón desde el último invierno, solo eso, un corazón cubierto por una capa de moscas.

Se acabó el tiempo del amor, de ir a la escuela, de las tarjetas, el móvil y el porno en internet… se acabó todo aquello que os parecía importante.

Ahora, cada bocanada llena los pulmones de ceniza y en tu mirada centellea desolador el horizonte de las ciudades vacías que profana el fuego vomitando nubes negras de las que brotan dioses.

La profecía acontece y hay un batir siniestro de alas sobrevolando furiosas las catedrales en ruinas para glorificar la inmensidad del infierno y de la nada donde concluye el reinado de los hombres.

Un ángel y su hueste han sido expulsados del cielo y no les parece tan infame este mundo desolado donde muchos levantan con gratitud su cetro y convierten en una gesta indescriptible su llegada.

Obras de Juan Ricart Gómez
Sobre este libro
Detalles

ISBN: 978-84-17499-04-4
Título: Devastación
Fecha: 2018
Páginas: 486

Sinopsis —Fuera —les dijo casi en voz baja la chiquilla, señalando con su dedito hacia la luz del exterior—, por ahí, donde está mi mamá, hay monstruos... —Parándose como si quisiese comprobar el efecto que hacía en los dos niños la confesión o simplemente sintiese vergüenza de contárselo—. Es verdad, son muy malos... y se comen las personas. Los cortan en trozos pequeñitos, así, así... —les indicó, dándose golpecitos con una mano sobre el brazo como si estuviese cortándolo—, y después se lo comen... —prosiguió, llevándose un pedacito de carne imaginario a la boca.