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    Adolfo López Reguero

ISBN: 978-84-17396-97-8
Categoría:

El Talib Yàabal

por: Adolfo López Reguero

Buscando poner tierra de por medio a un pasado cercano, la ingeniera de minas Alejandra di Pietro acepta un trabajo en Kazajistán. Allí, se verá envuelta en un turbio asunto relacionado con residuos nucleares, que será la fuente de todos sus problemas. Descubierta, se verá forzada a una huida desesperada por salvar su vida, acompañada por un exagente del CESID al que todo el mundo conoce como el Talib Yàabal.

Conoce al autor
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Nació en Ciñera de Gordón, en la provincia de León. Desde joven descubrió  el placer de la literatura y creció junto a las publicaciones de Frederick Forsyth, Kent Follet. Su pasión por escribir siempre le acompañó y participo en concursos de pequeños relatos y alguna publicación en revistas independientes. Jubilado, amante de thriller, decidió dar un paso más y hundirse en la literatura a través de esta, su primera novela.
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Detalles

ISBN: 978-84-17396-97-8
Título: El Talib Yàabal
Fecha: 2018
Páginas: 408

Sinopsis Junio, 1992 Buscando poner tierra de por medio a un pasado cercano, la ingeniera de minas Alejandra di Pietro acepta un trabajo en Kazajistán. Allí, se verá envuelta en un turbio asunto relacionado con residuos nucleares, que será la fuente de todos sus problemas. Descubierta, se verá forzada a una huida desesperada por salvar su vida, acompañada por un exagente del CESID al que todo el mundo conoce como el Talib Yàabal. Juntos, iniciaran un viaje que les llevará a recorrer parte de Asia y la antigua Yugoslavia, inmersa en un sangriento conflicto, mientras son perseguidos por Petrov un antiguo exKGB, cruel, frío y despiadado. Una frenética huida a través de los entresijos de las redes de narcotráfico, la guerra, el tráfico de armas y la trata de blancas. Un mundo, donde traiciones y gestos desinteresados llegan de donde menos lo esperas… «… Sonó tan aberrante que sin saber que me decía, me giré y con toda la rabia liberada, con la culata de la pistola le acerté en el otro lado de la cara. El paramilitar se giró en redondo con los ojos en blanco y se estrelló contra el desvencijado mueble del salón sin sentido. —¡Que te jodan, cabrón! —Y le arreé una patada en las costillas todo lo fuerte que pude. Al fin y al cabo, se trataba de eso: de jugar sucio».