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    Julio Sánchez Pérez

ISBN: 978-84-17285-26-5
Categoría:

La novia del viento

por: Julio Sánchez Pérez

Empezaré por decir que yo nací en el monte y allí fui creciendo hasta que a los seis años nos trasladamos todos al pueblo (Alcañiz), con el fin de que fuéramos al colegio y porque a mis padres les salió un trabajo. Yo fui al colegio de los Padres Escolapios y cuando cumplí ocho años…

Conoce al autor
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    Julio Sánchez Pérez. Nací en Barcelona un 7 de octubre de 1953. No fui al colegio. A los 8 años, ya trabajaba en un supermercado. Me inicié al consumo del alcohol a los 13 años y aunque solo me emborraché una vez—con 17 años en una verbena—, ya era alcohólico. Lo dejé hace ya 30 años. Pretendo desmitificar la imagen que se tiene del alcohólico como aquel que está tirado en la calle, como la de un vagabundo o un indigente. Como la de alguien que se va cayendo por la calle. Esto no es así. Mi experiencia me dice que el alcohólico es una persona de cara a la calle normal, pero en su casa, un infierno. 
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    Detalles

    ISBN: 978-84-17285-26-5
    Título: La novia del viento
    Páginas: 148

    Sinopsis Empezaré por decir que yo nací en el monte y allí fui creciendo hasta que a los seis años nos trasladamos todos al pueblo (Alcañiz), con el fin de que fuéramos al colegio y porque a mis padres les salió un trabajo. Yo fui al colegio de los Padres Escolapios y cuando cumplí ocho años, previa formación religiosa, hice mi primera comunión (todo ello por imposición, puesto que con el interesado no contaron nunca). Mi compañero, o sea mi pareja, era un buen amigo, José García se llamaba; aquel día fue fiesta grande en nuestra casa, pues sin poder, siempre se suele hacer un gasto económico al que después se le tiene que rendir cuentas. Las cosas en España se ponían muy candentes, ya olía a cuartelada, por doquier se quemaban iglesias y el asesinato era muy común en aquellas fechas, todo culminó con el asesinato en Madrid del teniente Castillo perteneciente a los guardias de asalto. Mi idea ha sido siempre que la guerra comenzó en ese momento. Todo se fue complicando; por una parte, bombas inutilizadas, las ametralladoras se encasquillaban y nosotros nerviosos y acojonados, era más que natural, nunca en la vida habíamos visto cosas como aquellas y es que la guerra era la guerra; fui herido de gravedad, aunque me recuperé al terminar la guerra. Salí hacia Marsella.