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    Albino Suárez

ISBN: 978-84-17657-85-7
Categoría:

La puerta cerrada

por: Albino Suárez

Hay que decirlo. La puerta, que el poeta dice cerrada, para él, por lo que se ve, sigue estando abierta. Al menos para su quehacer literario. Así, vuelve por sus sendas líricas más conocidas, que ahora dicen intimistas, cuando son afectivas o románticas, cuya línea cabe decir que nunca ha dejado el poeta a pesar de sus otros libros, de temas distintos. Podemos, pues, referir sus 25 años al frente de la revista Alto Nalón y ya es decir mucho, en cuyo tiempo fueron saliendo otros libros suyos, de temática variada a la que ahora ofrece en este libro. Hacer constar títulos sería inadecuado. Lo que sí cabe decir de él es su necesidad de escribir, acaso con la simple palabra del vivir cotidiano; pero escribir de todos modos para salir de la rutina del ambiente que le envuelve.

12.95

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Ante este libro, nos cuesta creer que el autor no haya tenido influencias de Bécquer o Espronceda; Zorrilla o Campoamor, Hernández o Lorca, entre otros más, como el cubano José Ángel Buesa, a quien juzga de elevadísima inspiración romántica, cuyas historias amatorias debieron ser tantas como son sus muchos poemas admirables. Otros poetas que seguramente influyeron en Albino Suárez, aunque no aparezcan aquí en La Puerta Cerrada, fueron y han de ser su admirado Alfonso Camín; Gabriel y Galán e incluso la misma Rosalía de Castro, amén de muchos otros, naturalmente, pues le sabemos de lectura anárquica y tal vez contraviniente por dispar y no ajustada a los tiempos que ha vivido -y vive-, por fortuna. El tiempo como circunstancia fue para Albino Suárez mordaza y argolla. Puerta Cerrada para estudios mayores –o puerta abierta para comenzar a tempranísima edad a trabajar en canteras y, detrás, en la mina-. Esta referencia es menester para saber algo más sobre el poeta, cuyo campo de acción nunca fue ni adecuado ni propicio para la poesía y menos para la poesía como la que encontramos en este libro, lleno de sentimiento. La mina si tiene poco de poesía ahora menos la tuvo en tiempos posteriores a la guerra civil de España. Hubo quien sí dijo que la mina era poesía; y Albino Suárez decía que a la mina se le hacía poesía, pero no era poética. Y hubo polémica en torno a ello allá por los años del 60. Como en todo, las razones eran variadas. De modo que en ese mundo de contrariedades, contradicciones y limitaciones nació el poeta, el cual, al andar del tiempo, nos viene legando una obra abundante y variada en verso y prosa. Dentro y fuera de la mina. Su tarea merece mayor estudio, habida cuenta de la serie de circunstancias que concurren en el poeta, que a tiempo dejó de comulgar con ruedas de molino y de creer en agüeros. Él sigue, posiblemente, cada vez más desencantado del discurrir, vulgar y chabacano de los tiempos, al menos de los tiempos en que su vida se desenvuelve. Para él la poesía es otro mundo más respetuoso al que dimana de la extraña y desmedida difusión que se hace de tanto ídolo de barro, tanto deporte, del que prefiere guardar su opinión, tantas aleluyas a reyes y séquitos. -Y tanta sumisión de súbditos y lacayos. Y por lo mismo, y acaso más, por tanta vulgaridad actual-. Con todo ello, su doctrina se enmarca en el sentimiento republicano, que digo, por si procede. Huelgan análisis acerca de su obra. Y huelgan elogios. El pláceme está en este libro, puerta abierta de una pasión humana para estimar lo que hace. La amistad es aparte. Y este libro es la suma y sigue de sus otros publicados. Por tanto, aquí comienza, tras esta Puerta Cerrada, a abrirse una realidad donde el lector, si es avisado, encontrará un escenario lleno de pasiones que tienen su razón de ser en el sentimiento del alma, elevado a estrofa rimada, a canción lírica y a estremecimiento humano.
Obras de Albino Suárez
Sobre este libro
Detalles

ISBN: 978-84-17657-85-7
Título: La puerta cerrada
Fecha: 2019
Páginas: 114

Sinopsis Hay que decirlo. La puerta, que el poeta dice cerrada, para él, por lo que se ve, sigue estando abierta. Al menos para su quehacer literario. Así, vuelve por sus sendas líricas más conocidas, que ahora dicen intimistas, cuando son afectivas o románticas, cuya línea cabe decir que nunca ha dejado el poeta a pesar de sus otros libros, de temas distintos. Podemos, pues, referir sus 25 años al frente de la revista Alto Nalón y ya es decir mucho, en cuyo tiempo fueron saliendo otros libros suyos, de temática variada a la que ahora ofrece en este libro. Hacer constar títulos sería inadecuado. Lo que sí cabe decir de él es su necesidad de escribir, acaso con la simple palabra del vivir cotidiano; pero escribir de todos modos para salir de la rutina del ambiente que le envuelve. Y más en la cuenca minera asturiana. La Puerta Cerrada es un título repetido, ya que ha sido publicado en un cuaderno impreso en Mirando de Ebro, en 1995, en la Colección Estío. Lo que ahora hace el poeta es, como consta en portada, reimprimirlo y aumentarlo. Y es aquí donde señalamos que el aumento es notablemente más variado y rico, más digno de glosa, que es lo que hacemos aquí, a la vista del conjunto poético que constituye este libro que, más que una Puerta Cerrada, es una Puerta Abierta para adentrarse en el alma sentimental de los poetas, a veces tan llenas de abnegaciones y sacrificios y otras tan repleta de amarguras. O de ficciones. Lo cierto es que el poeta ha elegido un temario así porque en la poesía sentimental, o líricamente afectiva, son esos y no otros los fuegos que arden en la hoguera de las venturas y desventuras humanas. Los poetas las trasmiten en verso. La eternidad de la poesía sigue estando en el romanticismo. Y la admiración y aceptación de la misma, también. No es verdad que el romanticismo esté trasnochado, como algunos dicen, acaso incapaces de saber lo que es un ápice de sensibilidad. El origen de la poesía más emotiva siempre estuvo en el amor y en el drama, en sus alteraciones y devaneos, que son tanto mayores cuanto más afecten al género humano. Y los poetas son y han sido los que siempre han elevado a cimas de gloria incluso los dramas eternos del amor. Dudoso será que haya quien se ruborice ante temas del sentimiento, al fin propios de la naturaleza. En todo caso, peor para tales, porque denotarán que carecen de sensibilidad y sentimiento, cosa harto frecuente en la actualidad, lamentablemente, donde impera más que la admiración por la belleza, la exacerbación por la rudeza y la vulgaridad. Para quien prefiera esto, libros como La Puerta Cerrada de Albino Suárez no son recomendables. Les heriría los sentimientos. Que no sé si las carnes…