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    Salvador Vicente Carretero

ISBN: 978-84-17897-49-9
Categoría:

Lluvia de caramelos

por: Salvador Vicente Carretero

Escuchó cómo saltaban las ranas a medida que se acercaba. Tomó asiento sobre la hierba y respiró hondo.

19.90

Conoce al autor
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    Salvador Vicente Carretero (1956) nació en Corporario de la Ribera (Salamanca) y vive en Tarragona. Desde hace unos años mantiene un blog, salvalite.blogspot.com.es, en el que ha escrito cuentos, relatos y crónicas viajeras. Entre sus grandes pasiones están los viajes, la música (fue baterista del grupo Odisea y continúa practicando como entretenimiento), el deporte (está federado en frontenis). Le gusta cuidar las amistades y suele visitar su tierra al menos un par de veces al año. En 2014 publicó El perfil de la ilusión y este 2019 presenta Lluvia de caramelos. Para esta obra ha visitado los diferentes escenarios de la novela, entre otros: Jerusalén, Marsella, Málaga, Almería, Besalú y los pueblos de Arribes del Duero, su tierra de origen a la que profesa absoluta admiración
    Obras de Salvador Vicente Carretero
    Sobre este libro
    Detalles

    ISBN: 978-84-17897-49-9
    Título: Lluvia de caramelos
    Fecha: 2019
    Páginas: 456

    Sinopsis Escuchó cómo saltaban las ranas a medida que se acercaba. Tomó asiento sobre la hierba y respiró hondo. Ajustó la embocadura de la trompeta y comenzó a practicar con la mano delante de la campana, a modo de sordina, tal y como le había enseñado el viejo Ceferino.Poco a poco fue recuperando el sonido que buscaba. Cerró los ojos e imaginó que estaban sentados allí delante, sobre la manta de la playa, sus padres, Pablito, Marcos, Juanito, el viejo Ceferino y la pequeña Carolina pasando la partitura, también acudió fugaz la sonrisa de Manuela. Se dejó llevar en una melodía lenta e improvisada en la cadencia de lo que el sentimiento marcaba. Y los veía sonreír felices porque la trompeta hablaba con alma. Al terminar, continuó con los ojos cerrados, sumergido en los coletazos del trance que sacude a los genios tras vaciar su talento. Escuchó aplausos que parecían llegar del cielo. Abrió los ojos y no era un sueño. Encima de la roca unas manos blancas aplaudían de verdad.