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    Christian Gross Guille

ISBN: 978-84-17011-33-8
Categoría:

Memoria de una hache muda

por: Christian Gross Guille

Cuando yo era pequeño, una moto mal aparcada se me cayó encima y me aplastó el dedo de señalar de la mano izquierda. Mi padre, que abrigaba el sueño de que yo fuera pianista, metió los cinco gramos de hueso y carne picada en un pañuelo y me llevó en volandas…

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    Nací en Sevilla hace más de medio siglo, aunque mis raíces están en Málaga. No soy escritor. Tampoco otra cosa que quepa en una palabra, como bombero, retratista o proctólogo. Si me pidieran resumir mi biografía en una frase corta, diría que tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor, y como tengo estas tres cosas pues le doy gracias a Dios. Salud para levantarme antes de que suene el despertador, dinero para comer y dar de comer a mi extensa prole. Y amor…¡Ay, el Amor! He plantado una docena de árboles, he tenido media docena de hijos, y me faltaba escribir un libro para, según dicen, ser recordado después de muerto.
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    ISBN: 978-84-17011-33-8
    Título: Memoria de una hache muda
    Páginas: 550

    Sinopsis Cuando yo era pequeño, una moto mal aparcada se me cayó encima y me aplastó el dedo de señalar de la mano izquierda. Mi padre, que abrigaba el sueño de que yo fuera pianista, metió los cinco gramos de hueso y carne picada en un pañuelo y me llevó en volandas al hospital con la esperanza de que me pudieran reconstruir la mano. Corría el año 1960. Ignoro si la cirugía plástica se había inventado. Lo que sí parece demostrar el muñón que ahora ocupa el lugar de mi dedo índice, es que aquella mañana de domingo no había ningún cirujano plástico en la clínica de Ntra. Sra. de Fátima de Sevilla. Ni plástico ni de ninguna otra especialidad. El que sí estaba por allí con una hija de parto era Bernabé, el charcutero del mercado de abastos del Porvenir, que le propuso a mi padre meter en una tripa de cerdo los restos que traía en el pañuelo y coserle el pequeño embutido al muñón. Para sorpresa del carnicero, que lo había dicho en broma, durante unos segundos mi padre valoró en serio la propuesta. Aquello fue el origen de mi primer trauma.