La última pieza del puzle

Profundamente entregado a mi labor profesional, fui integrando los conocimientos propios de la cultura sanitaria y la práctica clínica con aquellos adquiridos de forma autodidacta. Eso me permitió diseñar y perfeccionar algunos enfoques y estrategias terapéuticas dirigidos a armonizar la mente y el cuerpo, basados en los conocimientos de la medicina psicosomática y la psiconeuroinmunología, aplicando solamente técnicas psicológicas y naturales. Los resultados eran cada vez más positivos y contundentes. Algunos de ellos sorprendentes. Al final, los hechos, las evidencias, confirmaban que aquella creencia infantil no estaba tan desencaminada como parecía. Que aquel anhelo desesperado no era algo imposible. Que mi viejo sueño, nacido de eternas noches de desvelo y sufrimiento, no había sido un simple sueño sino la avanzadilla de una realidad que, con el tiempo, fue tomando sentido y presencia. Como en un puzle, todo fue encajando… Pero me faltaba la última pieza.

A mi consulta acudían personas de distintos países, culturas y niveles sociales, con problemas de salud muy diversos. Algunas llegaban tras años de sufrimiento y deambulación entre diferentes especialistas y tratamientos que, desgraciadamente, no les funcionaron. Ayudarles a librarse de sus problemas y constatar su mejoría o curación me producía una inmensa satisfacción. Sin embargo, no podía evitar sentir cierta pena y frustración cuando pensaba en las miles y miles de personas anónimas que estarían sufriendo de forma innecesaria por falta de información sobre el verdadero poder de sanación de su mente y de su cuerpo. Saber que mi experiencia y conocimientos, aunque humildes, les podía ayudar, me generaba la necesidad de llegar a ellas y brindarle el fruto de mi trabajo y conocimiento. Consciente de que había dejado de ser un eterno buscador de la verdad y me había convertido en un dador de respuestas, decidí escribir este libro. La última pieza del puzle.

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